Si en tu negocio hay una tarea que se repite todos los días —copiar datos de un sitio a otro, avisar al cliente, buscar un papel—, eso se puede construir una vez y dejar de hacerlo. Aquí no hay logos de clientes: hay tres sistemas funcionando que puedes abrir ahora mismo.
Es una empresa joven y no voy a llenar esta página de sellos ni de «+50 proyectos». Lo que sí puedo hacer es enseñarte lo construido y que lo toques sin pedir cita, sin dejar el correo y sin que te llame nadie.
El cliente manda la foto del golpe desde el móvil, entra en el panel del taller, se presupuesta y se le da cita. Con agenda, fichas, recordatorios automáticos y RGPD.
Entrar al panel de demostración →44 comprobaciones sobre una web, con la prueba de cada medición. Se ha pasado sobre 82 webs de restaurantes de Toledo, una a una.
Ver el estudio con los datos →Un sistema de avisos para quien cuida de una persona mayor. Otro sector, otro problema, la misma forma de trabajar.
Ver qué hace →La demostración del panel está abierta a propósito, con el usuario y la contraseña publicados en el mapa del sitio. Puedes crear, borrar, cambiar cosas y romperlo: para eso está. Un software que hay que ver por videollamada suele ser un software que no está terminado.
Para qué sirve esto
No hace falta un proyecto enorme. Casi siempre el dinero está en dos o tres tareas concretas que alguien hace a mano todos los días y que nadie ha contado nunca.
La llamada que no se coge, el mensaje del sábado por la noche, el formulario que llega a un correo que nadie mira. Entra ordenado en un sitio y deja de perderse.
Lo mismo escrito en el WhatsApp, en el Excel y en el programa de facturar. Se escribe una vez y viaja solo.
Recordatorios de cita, avisos de que el trabajo está listo, seguimientos. Salen solos por correo o WhatsApp, con un texto fijo que tú controlas.
Qué entró, qué está parado, a quién hay que llamar hoy. Un panel con lo que importa, no un informe de treinta páginas.
Presupuestos, fichas de cliente, historial. Buscable, sin depender de quién se acuerde de dónde lo guardó.
Que la web, el correo, la agenda y tu programa de siempre se hablen entre ellos, en vez de obligarte a ser tú el puente.
Cómo trabajo
El orden importa más que la tecnología. Casi todos los proyectos de software que salen mal empezaron programando demasiado pronto.
Antes de proponer nada. Muchas veces la respuesta no es un programa nuevo: es cambiar el orden de dos pasos, y eso también te lo digo.
Con presupuesto cerrado antes de empezar. Si a mitad aparece algo nuevo, se presupuesta aparte en vez de estirar la factura y el plazo.
En pocas semanas hay algo que ya se puede usar, aunque no esté todo. Así ves si vamos bien cuando aún se puede cambiar, y no seis meses después.
En un servidor tuyo, en la nube o en un ordenador dentro de tu negocio. El código se entrega. No te quedas atado a una plataforma que mañana sube el precio.
Honestidad
Decirlo antes ahorra tiempo a los dos. Si necesitas algo de esta lista, lo mejor que puedo hacer es decírtelo el primer día.
Preguntas
No hay tarifa de catálogo porque no hay dos encargos iguales. Lo que sí hay es un presupuesto cerrado antes de empezar, con el alcance escrito: qué entra, qué no y en cuánto tiempo. Si a mitad aparece algo nuevo, se presupuesta aparte.
Depende del encargo, pero se trabaja por partes: en pocas semanas hay algo funcionando que se puede usar, y a partir de ahí se añade. Nunca seis meses de silencio y una entrega al final.
Tuyo. Se entrega y queda alojado donde tú decidas: servidor propio, nube o un ordenador dentro de tu negocio. Sin dependencia de una plataforma que mañana suba el precio.
La empresa está en Toledo y ahí es donde podemos vernos en persona, que para un primer encargo ayuda bastante. El trabajo en sí se hace igual de bien a distancia para cualquier punto de España.
No. Lo normal es dejar en paz lo que ya funciona —sobre todo la facturación— y construir alrededor lo que falta.
Eso es más barato y más rápido: se mide con 44 comprobaciones y te llega un informe con la prueba de cada una. Mira en qué consiste.
No hace falta que sepas qué software necesitas — para eso está la primera conversación. Si al mirarlo resulta que no te hace falta construir nada, te lo digo y no te cobro por decírtelo.
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